SINERGIAS. Arte en estado puro
José Antonio Agúndez García
Director Gerente Museo Vostell Malpartida
Texto para el catálogo de Sinergias en el Museo Vostell Malpartida. Cáceres Abierto 2017
El Museo Vostell Malpartida acogió con placer en el mes de junio de 2017 la exposición “Sinergias” de Beatriz Castela, Lou Germain, Jorge Gil y Marco Polo. No era esta una exposición al uso. En rigor se trataba de una acción/instalación concreta ideada site specific por cuatro artistas que, al tiempo que ponían toda su creatividad y buen hacer, conformaban un proyecto único que poco tenía que ver con sus prácticas y trayectorias personales hasta ese momento.
Cuando conjuntamente el grupo de artistas nos presentó el trabajo que proponían, lo fundamentaron en tres pilares que, por su conexión con las bases conceptuales mantenidas por esta institución museística desde su origen, atrajeron de inmediato nuestra atención. En primer lugar, nos encontrábamos celebrando el cuarenta aniversario de un Museo cuyo fundador, Wolf Vostell, concibió como un modelo de encuentro del Arte y la Vida. En Los Barruecos, la atemporal naturaleza y la eternidad del paisaje permanecen antagónicamente en perpetuo proceso de cambio, de transformación y movimiento. Igual sucede en los espacios patrimoniales de la vieja fábrica del Lavadero de Lanas en el que aún, si se pone atención, se oyen los ruidos de su historia y se perciben pasadas presencias. Lugares inspiradores de un museo “de artistas, para artista y para el pueblo” donde tanto unos como otro puedan reflexionar, con mayor intensidad si cabe, sobre la existencia del ser humano en el espacio y en el tiempo, sobre el arte, la vida y el entorno.
En segundo lugar, según contaron, “Sinergias” pretendía crear a través de la tecnología una conexión a tiempo real entre la vida del pueblo y la vida del museo por medio de la transmigración del suceder cotidiano de uno a otro: lo que pasaba en la Plaza Mayor malpartideña podría percibirse en una sala del Museo y lo que aconteciera en éste tendría su reflejo en aquel espacio público. De esta manera, el visitante/viandante/espectador se convertiría en protagonista y colaborador
de la pieza al dejar un registro de su presencia anónima en el espacio. Se le llamaría a involucrarse de forma activa para que su huella quedase impresa en la acción artística, motivación ésta que ya fue impulsada por Vostell en sus acciones-dé-coll/ages o happenings.
Finalmente, en tercer lugar, resaltaban los artistas en el proyecto de “Sinergias” su vinculación al hecho tecnológico, omnipresente en el mundo en que vivimos. “Todos los artistas –decía Vostell- deben ser testigos de su tiempo y dar testimonio de lo que en él sucede”, y el tiempo de Beatriz, Lou, Jorge y Marcos es éste, nuestro tiempo, marcado por la tecnología, la herramienta de los nuevos medios cuya función y control tanto comenzaron a ocupar y preocupar a los artistas allá por los años sesenta del pasado siglo. No olvidemos que en muchas de sus reflexiones estéticas, Vostell incorporó prácticas eminentemente tecnológicas como puede observarse en multitud de sus proyectos, acciones, instalaciones y piezas de videoarte. “Sinergias” incluía también estos instrumentos como método de relación y traslado de información entre espacios pero, además, como fórmula de acercamiento y búsqueda a esa ansiada simbiosis del arte y la vida.
De esta manera, los artistas de “Sinergias” –el propio título define el ánimo que alienta toda la propuesta–, fueron capaces de coordinar e integrar conceptos a priori dispersos –espacio, tiempo, naturaleza, historia, espectador, participante, tecnología, arte…– para dar vida al Museo, a Malpartida, ampliar la consciencia de visitantes y paseantes, y hacer que lo cotidiano se pueda vivir como una obra de arte.
Por eso, fueron múltiples las interrogantes que, una vez inaugurada, nos planteó una acción/instalación de estas características. Por ejemplo, ¿dónde estaba la obra?, ¿dónde comenzaba y dónde terminaba? Incluso otras cuestiones universales como ¿qué se ve en los museos?, o incluso, ¿qué se ve en este Museo? Realmente lo que pudimos ver en el Museo Vostell Malpartida fue aquello que estaba sucediendo… ¡en otro sitio! Y recíprocamente, en la Plaza Mayor pudo proyectarse en las noches el devenir del Museo, aunque por las dificultades que ésta, –su vida y sus paraguas– pusieron al principio, hubiera parecido que en el matrimonio entre ambos espacios había desavenencias. El derroche creativo del grupo de artistas ayudó a encontrar las soluciones precisas para doblegar los problemas y así pudo conectarse al pueblo al museo, pues al fin y al cabo son realidades que no se entenderían la una sin la otra, hasta el punto que Malpartida pesa en la denominación del Museo lo mismo que el nombre de Vostell.
Tampoco nos ha pasado desapercibido que los ecos de la vida desarrollada en uno y otro espacio antropológico, llegaron a cada uno de ellos en forma de representación esquemática, reducidos a su esencialidad. El paseante de la plaza debía reparar con sumo cuidado en los sutiles puntos de luz que invadían el asfalto a las puertas del Ayuntamiento, que estaban y no estaban, ocultos a la mayoría de las miradas. Sin embargo, el visitante del museo debía esperar a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad del antiguo molino harinero para comenzar a visualizar líneas y puntos de luz, espejo de lo que sucedía en el pueblo. Ello invitaba también a focalizar la atención, como si de un túnel del tiempo se tratara, en la historia y memoria del complejo de edificios.
Regresando a la propia exposición, y concretamente a las conexiones entre ambos espacios, es posible entender que los reflejos que vimos en el museo de la vida cotidiana que fluía en el pueblo nos invitaran a pensar en visitantes reales y en potenciales visitantes. Era, en cualquier caso, otro modo de circular y de ocupar el espacio, con ritmos ajenos a los museos que nada parecen tener que ver con las reglas del arte, con las normas de visita de estas mismas salas. Pero fue arte en estado puro, y quizás sea oportuno recordar aquí, que Fluxus elevó las cosas sencillas de la vida a la categoría de obra de arte y erigió la simplicidad como valor.
De esta forma nació y sucedió un proyecto de título tan acertado como “Sinergias”, una obra activa que escribimos entre todos (sabiéndolo o no). Y recordando que Vostell entiende que toda realidad incluye por definición dos visiones opuestas y complementarias, me atrevería a preguntar: ¿pueden aclararse las conciencias desde la observación pausada de aquello que normalmente pasa desapercibido?
No puedo concluir estas líneas sin recordar lo obvio: la acción/instalación “Sinergias” fue materializada por sus creadores en los lugares previstos –el Museo Vostell Malpartida y la Plaza Mayor de la localidad– en el marco del programa artístico Cáceres Abierto 2017, desde donde se promovía el diálogo y la participación ciudadana. Es este el momento de recordar todas aquellas sinergias que posibilitaron la materialización de esta iniciativa: nuestro más sincero agradecimiento a los cuatro artistas, a la Junta de Extremadura a través de su Dirección General de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural –especialmente a su jefa de servicio Ana Jiménez del Moral–, al Ayuntamiento de Malpartida de Cáceres –a sus concejalas Sandra Valencia y Rosa María Liberal–, a Jorge Díez y Julio Vázquez, comisarios de Cáceres Abierto 2017, y al personal del Consorcio Museo Vostell Malpartida.